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Los fermentos vegetales.

Queso de tempeh

¿Por qué son tan recomendables los fermentados, y cómo se pueden consumir en casa?

De fermentados y fermentaciones hay de muchos tipos en la gastronomía.
Los que yo recomiendo son los fermentados vegetales.
Básicamente vegetales que se dejan en un medio salino, donde se produce un tipo de fermentación, que cocina el alimento, lo conserva, y le da una serie de características sensoriales y nutricionales muy interesantes.
Estos fermentos son desde las aceitunas de toda la vida que se dejan con agua sal y hierbas aromáticas.

También tenemos la chucrut: más utilizada en países nórdicos: Col + agua + sal + hierbas aromáticas. Se deja fermentar por unas pocas semanas. Sabor ácido y salado. Ideal para acompañar ensaladas, sopas, verduras, bocadillos …

El miso, es la fermentación de la soja u otras legumbres o cereales (hay muchas variedades). Se dejan fermentar con sal, previamente cocidas, en unas barricas de madera durante meses o años dependiendo del tipo. Cuanto más tiempo de fermentación más salado e intenso es el sabor y sus propiedades medicinales. Sirve como condimento salado para sopas y estofados.
Del líquido resultante de la fermentación se llama salsa de soja o tamari.

Las ciruelas de umeboshi, con muchas propiedades medicinales. Una variedad japonesa de ciruelas verdes que se dejan fermentar durante muchos meses con sal. Del líquido también se saca el vinagre de umeboshi.

Antiguamente en la mediterránea se utilizaba el Garum, que también era un fermento, aunque este se hacía con pescado también.

El tempeh, es la legumbre (soja, garbanzo, alubias …) fermentada durante unas semanas y que se consume como una alternativa a la carne o al pescado en Indonesia.

Propiedades:

Excelente fuente de minerales equilibrados y de fácil absorción por el organismo.
Fuente de probióticos para reforzar nuestra flora intestinal.
Alcalinizan nuestra sangre.
Ayudan a reforzar nuestro sistema digestivo e inmunitario.

A tener en cuenta:

No se deben cocinar y siempre se han de comprar sin pasteurizar. Para evitar destruir los probióticos.
No comprar marcas industriales o que utilicen vinagres, azúcares o alcoholes en su elaboración, para acelerar procesos de fabricación.